A mí, de la multitud de objetos
coleccionables, relacionados con el niño que fuimos un día, el que más me gusta
son los soldados, las figuritas de
plástico o de goma con que jugábamos a nuestra infancia, allá por los años
sesenta.
Recuerdo que los iba a comprar a una pequeña tienda, -una mercería- que había a la plaza de Sant Pedro de Barcelona. Todavía puedo revivir la sensación exacta que me inundaba cada vez que bajaba los dos escalones que la separaban de la calle. Cómo se me ensanchaba el corazón al ver aquellas maravillosas miniaturas, algunas de las cuales estaban a punto de hacerse mías!
A menudo me acompañaba mi hermano
Joan, con quien teníamos establecido un pacto financiero. Yo le dejaba dinero
cuando se acercaba el final de mes y él me los volvía a comienzos del mes
siguiente y me regalaba algún soldado...
Tenía figuras de series diversas: moros y cristianos, indios y cowboys, vikingos, romanos, y combatientes de la Segunda Guerra Mundial. Ahora sé también, que había varios fabricantes: Pech Hermanos, Reamsa, Jecsan...
A mí me gustaban sobre todo los romanos y los soldados de la Guerra Mundial. Entre los primeros, recuerdo especialmente los fabricados por Reamsa, que estaban muy muy hechos, con muchos detalles, y muy bien pintados. Cuando estrenaron la versión en Technicolor de Ben-Hur, la protagonizada por Charlton Heston, se pusieron a la venta dos maravillas: la cuádriga de Ben-Hur (con los caballos blancos) y la de Mesala (con los caballos negros). Que tesoros!
También me
gustaban bastante los soldados romanos y cartagineses de la marca Rojas y Malaret,
que se vendían como componentes de una especie de juegos de rol sobre las
batallas del Metauro y de Zama. Las piezas más valoradas eran los
elefantes, la figura de Aníbal y, sobre
todo, el trompetero... y lo continúan
siendo.
En cuanto a las figuras de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de marcas sólo fabricaban americanos y japoneses, pero la casa Pech Hermanos, hacía también alemanes, con su uniforme azul, e ingleses del desierto, con ropa de color arena y pantalones cortos. Esos sólo los encontraba a la mercería de la plaza Sant Pedro y en ninguna parte más, y quizás por eso eran mis favoritos.
Por cierto que cuando estrenaron "Puente sobre el rio Kwai" y Jecsan puso a la venta el campo de concentración donde los japoneses tenían sus prisioneros, se montó una buena escandalera-animada por la iglesia- que acabó con la retirada del juguete.
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